lunes, 23 de enero de 2012

Bien (comencemos con el primer blog) empezaré con lo que me atañe: Las preguntas de mi hijo.
Ayer, por la noche, después de bañar a mi hijo tenía que cortarle las uñas de los pies, mas que por orden de su mamá que ya estaba fastidiada porque cada vez que le tocaba los pies empezaba a llorar y no quería cortárselas y ya las tenía muy largas y mugrosas, y empezaban a incrementarse ese olor tan peculiar a queso (fuchi) en sus pies; lo que me obligó a desarrollar lo que yo creía un proceso largo y tortuoso para los dos, que al final pudimos salir ilesos, era más bien saber por que tenía miedo de que le cortaran las uñas, siempre se las cortan cuando ya las tiene largas y siempre lloraba, tiene muy sensibles los pies, el simple hecho de decirle que le iba acortar la uñas lo puso triste. No entiendo su miedo, si cuando lo han vacunado le encajan en el bracito una jeringa que tiene una aguja de cuatro centímetros,  se porta valiente y no llora. Lo trate de convencer de que le iba a cortar sus uñas sin dolor, su cara de dolor imaginario se compuso de inmediato, aunque se le dibujo en la cara la duda de que algo así fuera cierto para que pudiera ser verdad. Empecé a secar sus pies y a platicar con él para distraerlo, pero cada  vez que tocaba sus pies mi niño sentía una especie de angustia que no soportaba ver ni sus propios pies y lloriqueaba a cada rato. El tortuoso y largo proceso de cortarle las uñas,  lo inicié diciendo que solo serian cinco uñas, y de inmediato me di cuente que no debí decir "cinco", ya que mhijo empieza a tener noción de lo cuantitativo, y "cinco" para  él es una multitud, son como los días que va a la escuela a la semana, ¡muchos! A lo que me preguntó angustiado ¿por qué tenemos cinco dedos? (pude ver en su carita cinco veces (por dos) el dolor que iba a sentir). Trate de ser objetivo en la respuesta, a lo que le dije, si tenemos cinco dedos en los pies deberíamos tenemos cinco dedos en las manos. Los cinco dedos en las manos son los necesarios para poder sostener y manejar algunas cosas, como la cuchara con que comemos o el lápiz con que escribes o las escoba para barrer. Y los cinco dedos en los pies son los necesarios para poder equilibrarnos cuando estamos de pie. Si tuviéramos cuatro dedos en las manos o los pies, no seriamos como somos, si no tuvieras el dedo gordo -le mostré mi mano con el dedo gordo doblado hacia la palma, logrando desviar su atención, él se distrajo tratando de esconder su dedo gordo, aproveche para empezar a cortar la uña del dedo gordo de su pie derecho y cuando iba a dar el primer apretón al corta uñas, y sentía que lo tenía ya todo dominado me sorprendió su voz de angustia otra vez, ahora diciendo "que no suene el corta uñas, que no haga clic". No sé en qué momento se volvió clicfobico. Ahora ya no era el dolor si no el sonido del corta uñas, su angustia era una combinación de dolor fisco y psicológico por asociación. Trate de no angustiarme para no deshacer el aparente control que había ganado. Sin desesperarme y sin tratar de entender porque le tenía miedo de oír el clic del corta uñas, me las arregle para que el corta uñas no hiciera ruido; tuve que ser muy sutil al apretar el brazo del corta uñas para que las cuchillas no hicieran clic, y así repetirlo dos veces milimétricamente, siguiendo la frontera que forman el tono nacarado y el opaco del exceso de la uña, uno en cada extremo de la uña, sabía que si lo hacía bien y sin errores en la primera uña, todo lo demás saldría bien, "lo que empieza bien termina bien" me decía yo mismo para agarrar confianza, hacerlo diez veces en cada piecito, veinte veces retomar su confianza en cada corte y solo así poder lograr el objetivo. Cada uña fue como un trofeo. Al final, en la última uña, la del meñique del pie izquierdo, en un ambiente de confianza, ganado a pulso con mis manos, y por ser la última, le dije: debes ser valiente siempre, no solo cuando te vacunan, cortarse las uñas es sano y si estas sano puedes hacer lo que mas te gusta, jugar. Dame esos cinco, le dije, él aceptó diciendo "el cinco es por que tenemos cinco dedos" al tiempo que chocaban nuestras manos. ¡Sí!, gritamos contentos. Y pensé lo cual es tan cierto como verdadera es la evolución del hombre y el sistema numérico decimal. 
¿Lo que tiene que hacer un como padre? No se si esto perjudique a mhijo, o tal vez es el reflejó del consentimiento que tiene un padre hacia su hijo, pero bueno, creo que logre exorcizar dos de sus miedos, trataré de descubrir a que otra cosa le tiene miedo para aprender juntos, y también exorcizarme, yo mismo, escribiendo sobre sus preguntas.